INTELIGENCIA EMOCIONAL
- Junis Diaz Meza

- 22 jul 2020
- 3 Min. de lectura
La educación de emociones permite la potencialización de pensamientos y conductas saludables lo que promueve el desarrollo de habilidades y competencias, a su vez esto posibilita el crecimiento personal.

La inteligencia emocional es considerada uno de los procesos básicos y fundamentales para la realización de tareas y además para el logro de estas. Binet (1903) considero la inteligencia como una habilidad direccionada con adaptabilidad a afrontar nuevas situaciones. Esta inteligencia emocional permite dirigir a las personas a actuar de manera asertiva y adecuada en las relaciones interpersonales. La educación de emociones permite la potencialización de pensamientos y conductas saludables lo que promueve el desarrollo de habilidades y competencias, a su vez esto posibilita el crecimiento personal.
La inteligencia emocional actúa como variable moduladora del comportamiento y las acciones.
Hablar de inteligencia emocional implica entender que va más allá de los aspectos cognitivos de atención, memoria, percepción. Es la capacidad de resolver problemas de manera asertiva, controlando los impulsos para dirigirse de manera efectiva hacia a los demás. Implica identificar, conocer y explorar en las emociones; regulando así los estados de ánimo y gestionando para empatizar con los demás.
Así como desarrollar la tolerancia a la frustración y vencerla, automotivarse y un factor importante y determinante el establecimiento del autoconocimiento. Es importante entender que la inteligencia emocional no se opone a la inteligencia, por el contrario, debe ser la intersección de ambas.
Durante la práctica clínica y en la interacción con otras personas, se observa que las emociones ejercen una gran fuerza en los seres humanos, en su formar de pensar y actuar. Resulta más fácil identificar las emociones y los sentimientos, convirtiéndose esta en una ruta de acceso al reconocimiento de pensamientos y comportamientos. Es por ello que se utiliza la inteligencia emocional como potencializadora de pensamientos y conductas saludables.
Sin embargo el individuo emocional no sabe establecer una relación de distancia adecuada con los objetos; se convierte el ser en demasiado permeable a las provocaciones del medio, dicha conducta es observable en los niños: ellos viven en un contacto directo con su medio; desprovistos de mecanismos mediadores, entregándose sin resistencia al momento (Romero, 2003). Con la evolución y los pasos de los años se pretende fortalecer la forma de enfrentarse con el mundo, mediante la vía de los conceptos que introducen el campo del pensamiento y la razón, sin embargo hay sujetos que se quedan en el ser emocional, desarrollando pocas habilidades para enfrentarse a la realidad, contando con escasos recursos que los hacen vulnerables ante la sociedad demandante. Tendiendo a desarrollar conductas desadaptativas que en ocasiones atentan contra su propia integridad y el bienestar social.
Según Goleman la inteligencia emocional es “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”, tiene sus precedentes en diferentes autores que iniciaron sus investigaciones sobre la inteligencia casi que de manera simultánea.
Los fundamentos de la educación emocional y el desarrollo de la inteligencia emocional deben buscarse en las grandes aportaciones de la pedagogía y la psicología., aunque hace ya 2200 años Platón decía” La disposición emocional del alumno determina su habilidad de aprender”.
Son muchos los factores que propiciaron su eclosión: aportaciones de la psicología humanista (Rogers, Maslow, Fromn ),los movimientos de renovación pedagógica que proponían una educación integral donde la afectividad tenía un gran papel, las aportaciones de Ellis con su psicoterapia racional-emotiva, ciertas terapias cognitivas, investigaciones sobre la emoción y los recientes descubrimientos de la neurociencia que han permitido conocer el funcionamiento cerebral de las emociones, etc.
A la hora de andar por la vida está claro que resulta más importante saber descifrar nuestro código emocional que despejar ecuaciones de segundo grado o saber redactar correctamente.
Tener un alto coeficiente emocional (CE) es por lo menos tan importante como tener un buen CI. Un estudio tras otro demuestra que los niños con capacidades en el campo de la IE son más felices, más confiados, tienen más éxito en la escuela y además estas capacidades se mantienen a lo largo de su vida ayudándoles a tener éxito en su vida laboral, afectiva y personal.
Por: Junis Díaz Meza




Comentarios